Venezuela en los últimos 10 años a aumentado notablemente sus iniciativas orientadas a la independencia y soberanía tecnológica, son muchas las áreas de la industria que han experimentado un crecimiento positivo en su aporte al PIB, sin embargo, difícilmente se puede afirmar que nos encontramos en los niveles deseados, mucho falta por hacer, un largo camino nos separa de la meta, pero decididos estamos en quitarnos las cadenas que por largo tiempo nos ha mantenido atado a los intereses de las grandes empresas capitalistas nacionales e internacionales.
Ahora bien, sería oportuno reflexionar sobre algunos aspectos, ya que si bien es cierto están dadas todas las condiciones para lograr nuestra plena soberanía, hay que repensar las estrategias para el uso y/o consumo masivo de lo nuestro.
A primera impresión se puede catalogar a cualquier iniciativa de soberanía como una victoria temprana, dejando a un lado aspectos de calidad, eso es algo poco discutible, según mi apreciación; nuestras capacidades deben salir por doquier, individual o en unión, mucho se puede hacer; entonces, existe la oportunidad real de transformar nuestro que-hacer en un verdadero que -hacer tecnológico, donde un colectivo (consumidor) espere al acecho.
Preguntémonos si sólo el hecho de la creación de tecnología es suficiente? Obviamente no lo es, debe existir una cadena productiva que abarque formas efectivas de comercialización y distribución. Aquí, el consumidor asume un rol protagónico, y es por ello mi interés en centrar mi atención en el sujeto usuario de la tecnología, aquel que con plena razón justifica su acción en función de sus intereses, aquel que al consumir una determinada tecnología, ello puede también resultar una clara conveniencia por igualarse a las tendencias que predominan en escenarios conocidos. Un oportuno paréntesis hago aquí, esos escenarios se dan en su mayoría en los países que mantienen sus puertas abiertas a otros países con un elevado desarrollo y donde impera un sistema económico capitalista que sólo ve como esquema o modelo de relaciones la exportación de su modelo económico, además de sus productos. Es importante el hecho de reconocer que las grandes potencias, han contribuido con el desarrollo del mundo, sus inversiones solo en I+D en algunos casos puede hasta superar el presupuesto general de algunos países. Por supuesto, estas potencias mundiales se colocan a la vanguardia, lo que origina que sólo con ver la etiqueta de origen de los productos construidos en estos países, los mismos sean consumido de inmediato. Claro la calidad de los mismos juega un papel fundamental.
La competencia existe y no se puede ignorar; aquí las mencionadas etiquetas pueden incluso regir nuestras decisiones de consumo. Son las etiquetas que parecen pasar desapercibidas, quienes nos dicen el origen de la tecnología en cualquier idioma. Para mayor detalle un "made in" en el idioma en este caso ingles. Esta etiqueta que en la mayoría de los casos no ocupa mas de 2 centímetros puede sin embargo ser un factor crucial en la decisión a tomar a la hora de adquirir un bien o tecnología incluso un servicio. Quienes se ocupan de ofrecer esos artefactos saben bien que hacer, decir su origen muchas veces tiene un mayor impacto en comparación si se mencionan una serie de cualidades técnicas. Ellos te afirman que "esto es lo mejor", "fue elaborado en el país donde se desarrolla lo mejor", claro, lo hacen haciendo uso de sus ricos artificios imaginarios, porque muchas veces no saben nada mas de esos países, muy típico del Venezolano o Venezolana de estos tiempos y de tiempos anteriores.
La creación puede ser tal, que deslumbre multitudes, supere a las creaciones nacionales en calidad, es así, duro de reconocer, pero a la vista fácil de aceptar, bastará ofrecer lo de afuera, lo que lleva consigo símbolos que denotan lo importado para hacer la diferencia en balanza inclinada hacia esos lados.
Debo sugerir que la solución nos es dejar de importar, no me atrevería afirmar que es la decisión correcta, es más que obvio que los planes integrales de desarrollo de tecnologías deben atacar todas sus fases, en especial sus formas de comercialización. Es posible hacer la creación con características y propiedades de alta calidad, sin embargo, solo la cuestión de soberanía debería hacer la diferencia entre lo que queremos y deseamos; por muy comienzo, es nuestro, nos duele, y debe formar parte de nosotros. Es un problema de conciencia, incluso de sacrifico y desprendimiento. Los usos masivo de la tecnología son los que ayudan luego a su mejora, es importante estar claros de ello. El factor económico también debe influir, es verdad, difícilmente nuestro producto supere los precios de lo importado, por tanto, cuantioso puede ser el ahorro.
"Hecho en Venezuela", imaginemos estas palabras impresas en muchas etiquetas, representadas claro en muchos productos, en lo nuestro, es lo que hacemos y debe ser lo que queremos, la exportación sería el próximo paso.
Ahora bien, sería oportuno reflexionar sobre algunos aspectos, ya que si bien es cierto están dadas todas las condiciones para lograr nuestra plena soberanía, hay que repensar las estrategias para el uso y/o consumo masivo de lo nuestro.
A primera impresión se puede catalogar a cualquier iniciativa de soberanía como una victoria temprana, dejando a un lado aspectos de calidad, eso es algo poco discutible, según mi apreciación; nuestras capacidades deben salir por doquier, individual o en unión, mucho se puede hacer; entonces, existe la oportunidad real de transformar nuestro que-hacer en un verdadero que -hacer tecnológico, donde un colectivo (consumidor) espere al acecho.
Preguntémonos si sólo el hecho de la creación de tecnología es suficiente? Obviamente no lo es, debe existir una cadena productiva que abarque formas efectivas de comercialización y distribución. Aquí, el consumidor asume un rol protagónico, y es por ello mi interés en centrar mi atención en el sujeto usuario de la tecnología, aquel que con plena razón justifica su acción en función de sus intereses, aquel que al consumir una determinada tecnología, ello puede también resultar una clara conveniencia por igualarse a las tendencias que predominan en escenarios conocidos. Un oportuno paréntesis hago aquí, esos escenarios se dan en su mayoría en los países que mantienen sus puertas abiertas a otros países con un elevado desarrollo y donde impera un sistema económico capitalista que sólo ve como esquema o modelo de relaciones la exportación de su modelo económico, además de sus productos. Es importante el hecho de reconocer que las grandes potencias, han contribuido con el desarrollo del mundo, sus inversiones solo en I+D en algunos casos puede hasta superar el presupuesto general de algunos países. Por supuesto, estas potencias mundiales se colocan a la vanguardia, lo que origina que sólo con ver la etiqueta de origen de los productos construidos en estos países, los mismos sean consumido de inmediato. Claro la calidad de los mismos juega un papel fundamental.
La competencia existe y no se puede ignorar; aquí las mencionadas etiquetas pueden incluso regir nuestras decisiones de consumo. Son las etiquetas que parecen pasar desapercibidas, quienes nos dicen el origen de la tecnología en cualquier idioma. Para mayor detalle un "made in" en el idioma en este caso ingles. Esta etiqueta que en la mayoría de los casos no ocupa mas de 2 centímetros puede sin embargo ser un factor crucial en la decisión a tomar a la hora de adquirir un bien o tecnología incluso un servicio. Quienes se ocupan de ofrecer esos artefactos saben bien que hacer, decir su origen muchas veces tiene un mayor impacto en comparación si se mencionan una serie de cualidades técnicas. Ellos te afirman que "esto es lo mejor", "fue elaborado en el país donde se desarrolla lo mejor", claro, lo hacen haciendo uso de sus ricos artificios imaginarios, porque muchas veces no saben nada mas de esos países, muy típico del Venezolano o Venezolana de estos tiempos y de tiempos anteriores.
La creación puede ser tal, que deslumbre multitudes, supere a las creaciones nacionales en calidad, es así, duro de reconocer, pero a la vista fácil de aceptar, bastará ofrecer lo de afuera, lo que lleva consigo símbolos que denotan lo importado para hacer la diferencia en balanza inclinada hacia esos lados.
Debo sugerir que la solución nos es dejar de importar, no me atrevería afirmar que es la decisión correcta, es más que obvio que los planes integrales de desarrollo de tecnologías deben atacar todas sus fases, en especial sus formas de comercialización. Es posible hacer la creación con características y propiedades de alta calidad, sin embargo, solo la cuestión de soberanía debería hacer la diferencia entre lo que queremos y deseamos; por muy comienzo, es nuestro, nos duele, y debe formar parte de nosotros. Es un problema de conciencia, incluso de sacrifico y desprendimiento. Los usos masivo de la tecnología son los que ayudan luego a su mejora, es importante estar claros de ello. El factor económico también debe influir, es verdad, difícilmente nuestro producto supere los precios de lo importado, por tanto, cuantioso puede ser el ahorro.
"Hecho en Venezuela", imaginemos estas palabras impresas en muchas etiquetas, representadas claro en muchos productos, en lo nuestro, es lo que hacemos y debe ser lo que queremos, la exportación sería el próximo paso.